Entre la cabeza y el cuerpo la batalla por adelgazar

pierde peso

Si la cabeza se mantiene fuerte y resiste la sensación de hambre y los antojos de más cantidad y de dulces, se continúa recurriendo a los depósitos de grasa para mantener el propio funcionamiento corporal.

Las calorías superfluas que el cuerpo no pudo colocar a corto plazo entre los limitados depósitos de azúcar, las transformó en moléculas de grasa más pequeñas. Ahora está muy de moda la dieta de Kayla Itsines Bikini Body Guide pero ya hablaremos más adelante sobre ella en siguientes artículos para este blog.

Ahora debe invertir ese proceso, pero hay algunos problemas. El cuerpo no se limita de una manera inofensiva a la grasa almacenada, sino que ataca también a los músculos, y puesto que le falta alimento libera la hormona del estrés, la noradrenalina.

Con ello eleva a largo plazo la presión sanguínea. La hormona estimula además el almacenamiento de grasa en las células adiposas. Por ese motivo y porque el metabolismo no puede volver tan rápidamente a su nivel normal, es frecuente que tras las dietas se produzca el temido efecto yo-yo.

El peso que acaba de perderse se recupera con rapidez, sigue el nuevo adelgazamiento, otra vez aumenta el peso…, comienza un peligroso círculo cerrado.

Por eso es importante no volver a comer inmediatamente como antes después de una dieta de adelgazamiento. Acostumbrado ahora a la dieta mínima, el cuerpo considera la cantidad antes normal como un exceso y con ella llena sus células adiposas.

Pero ya que también se degradaron músculos, puede producirse que el cuerpo se vuelva ahora más esponjoso y graso que antes de la dieta. Los científicos han averiguado que hay que reducir en un quince por ciento el aporte energético si se quiere mantener a largo plazo ese menor peso.

Otro truco consiste en retirarle al cuerpo durante la dieta sobre todo las grasas, aunque parezca que este camino es el más difícil: investigadores norteamericanos han llegado a la conclusión de que las personas con sobrepeso que hacían una dieta de 800 calorías diarias, perdían unos 460 gramos si no se reducía el porcentaje de grasas en la alimentación.

En el caso de una dieta pobre en grasas con más hidratos de carbono, estas personas perdían sólo 280 gramos diarios, formados en un ochenta por ciento de grasas y un veinte por ciento de agua.

En la dieta más rica en grasas, por el contrario, la pérdida era de hasta el setenta por ciento de agua, que después de la cura volvía a recuperarse rápidamente. De todas formas, el límite superior absoluto de la combustión diaria de grasa es de 200 gramos.

Por consiguiente, la mejor manera de adelgazar es tomando menos grasas, pues para el cuerpo no todas las calorías son iguales. 200 calorías procedentes de grasas, por ejemplo, se acumulan inmediatamente en los propios depósitos adiposos del cuerpo, mientras que otras 200 procedentes de hidratos de carbono pueden ser quemadas. Un plato de lentejas (sin tocino), por lo tanto, no resulta tan perjudicial para las caderas como un bistec con mantequilla.

El doctor Manfred J. Müller, experto en metabolismo de la Escuela Superior de Medicina de Hannover, descubrió además que muchas personas con exceso de peso sienten una especial predilección por las comidas grasas.

El consejo de Muller para todos aquellos deseosos de adelgazar es que cambien a una dieta equilibrada. Según este experto:

«Algunas dietas son malas porque la gente cree que se puede cambiar el peso con medidas radicales. Esta es una idea falsa».

Quien ha estado maltratando su cuerpo durante años no puede esperar ponerlo de nuevo en condiciones sanas en un par de días tomando unas pastillas quemagras. Quien ha estado aportando a su cuerpo durante meses o años más calorías de las que consume, no perderá el panículo adiposo en dos días.

Una dieta racional —en este blog podrán ver cuáles son— constituye ya un buen inicio.

Si se quiere estar delgados y sanos de manera permanente, aunque resulte incómodo hay que cambiar la alimentación y renunciar a más de una costumbre: menos carne, menos grasas, menos azúcar, menos harina, más productos integrales, más fruta, hortalizas, muchas verduras y a ser posible agua mineral en lugar de alcohol. Estos son los pasos más importantes para tener siempre una buena línea.